Altura y soledad en la Blue Ridge Parkway

Con tantas rutas en Estados Unidos marcadas por moteles, carteles y demás, este tramo desde Virginia hasta las Grandes Montañas Humeantes es como un viaje en el tiempo.

Rob Ryan

Autor de la serie "Dr. Watson at War" de las novelas de la Primera Guerra Mundial: Dead Man’s Land y The Dead Can Wait (enero de 1914). Colaborador de Sunday Times Travel

@robtryan
robtryan.com

Muchas de las rutas por las que conducimos han crecido con fines comerciales, para conectar comunidades, fábricas, minas, puertos y mercados. La Blue Ridge Parkway es diferente. Esta franja de autopista de 469 millas (755 km) se diseñó únicamente para una sola cosa: el placer de pasear en automóvil. Es decir, y según sus fundadores, automóviles privados. No está permitido el tráfico comercial, incluidas las gigantes plataformas petrolíferas que generalmente obstruyen las interestatales estadounidenses. Tampoco lo están los carteles. Ni las gasolineras. Ni los centros comerciales. Ni los Motel 6. Es una autopista limitada a lo más básico: un asfalto sencillo de dos carriles sin nada que te distraiga de los placeres visuales del país montañoso por el que estás viajando.

La conduje cuando estuve en Washington D. C. con planes convertidos en polvo en mi iPhone que me dejaron una semana sin nada que hacer. Compré un atlas de carreteras Rand McNally y allí estaba, una línea sinuosa que serpenteaba hacia el sur por Virginia y Carolina del Norte hasta las Grandes Montañas Humeantes en la frontera con Tennessee. Había encontrado el viaje que había estado buscando pero, en realidad, lo que obtuve fue una porción fascinante de la historia de Appalachia, no del todo agradable. Ya que, como todo gran proyecto público, la grandeza de la Parkway, hasta cierto punto, estaba construida sobre las lágrimas de terceros. Pero por supuesto, como viajero nuevo de la autopista, no sabía que cuando alquilé el auto y me dirigí hacia el oeste desde el D. C. por la transitada interestatal 66 (a no confundirla con la Ruta 66), que corta por el ondulado campo de Virginia, tomo la ruta 50 alternativa a través de Middleburg para verla en todo su esplendor de cercas blancas, Range Rovers y caza de zorros.

LA SKYLINE DRIVE

"A medida que das cada curva, no puedes evitar sentir que aquí hubo un maravilloso conjunto de trabajos gubernamentales, ingeniería social y creación de empleo, lo que, en parte, es correcto. Pero el resto de la historia, el lado más oscuro, tuvo que esperar unas cuantas millas antes de que pudiera escucharlo."

La Skyline, al igual que su hermana Parkway, le debe su existencia a la depravación económica, a la Gran Depresión que golpeó particularmente más fuerte a esta región del oeste de Virginia y al estado de Virginia del Oeste. En 1931, el presidente Herbert Hoover autorizó la construcción de una carretera espinal junto a las Blue Ridge Mountains como fuente de empleo. La Skyline tardó nueve años en construirse. A medida que das cada curva, no puedes evitar sentir que aquí hubo un maravilloso conjunto de trabajos gubernamentales, ingeniería social y creación de empleo, lo que, en parte, es correcto. Pero el resto de la historia, el lado más oscuro, tuvo que esperar unas cuantas millas antes de que pudiera escucharlo.

Mayormente por la Skyline, especialmente al anochecer, te preocupas por una sola cosa: la vida silvestre, o más bien, entrar en contacto con dicha fauna. A medida que recorres una de las tantísimas curvas, es probable que desde los árboles o matorrales salte un ciervo o un lince suicida. Descubrí que los zorrillos tendían a quedarse cerca del centro de la ruta, como si su olor pudiese disuadir incluso a un par de Firestones. Los cadáveres que salpicaban el pavimento sugerían lo contrario.

En Rockfish Gap, al cruzar la interestatal 64, llegas a la entrada: la Blue Ridge Parkway, donde tu pie derecho comienza a crisparse al darte cuenta de que ahora el límite de velocidad es de unas emocionantes 45 millas por hora (72 km/h). De hecho, los caminos en zigzag y en U se aseguran de que casi nunca te pases de eso. Esta sección de la autopista se comenzó en 1933, la primera sección se dio a conocer en 1935 y la última, el viaducto Linn Cove que cruza la sección de Black Rock de Grandfather Mountain, en 1987. La concibió y esculpió un ingeniero de 25 años, Stanley W. Abbot, que la consideraba como un proyecto que en parte modelaba al planeta y en parte conformaba una enorme obra de arte: "no puedo imaginar un trabajo más creativo que ubicar la Blue Ridge Parkway", comentó alguna vez. La ruta es una mezcla de practicidad y arte astuto, con muchos descensos en picadas, curvas y túneles claramente diseñados para "revelar" de la manera más drástica una montaña escarpada, un bosque tupido o un amplio panorama que combina las dos cosas, las cimas escarpadas envueltas en bosques como un manto grueso.

"Blue Ridge es mucho más que solo un bonito paisaje, había afirmado."

 

En los últimos tiempos, las comunidades que encierran la Skyline y la Parkway se han convertido en destinos de moda para locávoros: la escena gastronómica florece en las ciudades cercanas como Staunton, Spruce Pine y Lexington, y los restaurantes modernos del D. C., Nueva York y California generalmente usan la sidra, el queso, las cervezas, la manteca, el vino y el pan artesanales que ellos producen. Pero no estaba pensando en comida. La radio sintonizaba Classic Country 98.1 y sonaba Bluegrass Hour cuando me desvié de Parkway y me dirigí hacia Floyd.

La verdad es que no sabía que Floyd estaba en mi itinerario cuando me fui de Washington. Me lo sugirieron cuando me detuve a almorzar en Skyline Lodge cuando estaba en Skyline Drive (al igual que la Parkway, cuenta con un puñado de opciones de hospedajes/restaurantes en la ruta). Allí, entablé conversación con una camarera llamada Janet, que me contó, en un tono de voz muy similar al de Dolly Parton, que sus familiares eran pobladores escoceses-irlandeses que habían llegado a principios del 1800 y que debía dirigirme a Floyd para descubrir una cultura montañosa más apropiada, de la época anterior a la Skyline y la Parkway. "Blue Ridge es mucho más que solo un bonito paisaje", había afirmado.

La ciudad de Floyd está en otro famoso lugar por la autopista: Crooked Road, también conocida como la ruta 58, que intersecta a la Parkway al norte de la frontera de Virginia/Carolina. Une una serie de pequeñas ciudades que, en conjunto, funcionan como un almacén de la cultura de Appalachia en Virginia. Tal como Janet lo sugirió, fui a Floyd’s Country Store, que es tal como lo dice en el paquete de semillas, aunque los viernes por la noche y los fines de semana, el piso se despeja de sacos, latas y herramientas y el lugar tararea la melodía de un banyo, un violín, una mandolina y un dulcémele. No se sirve alcohol, pero resulta que puedes pasar un buen rato en las montañas con interminables cafés y pasteles. Hay música, hay baile y hay mucha charla.

Me encontré con Ralph, un violinista de la cercana ciudad de Ferrum, y me contó una historia de la Parkway distinta de la tradicional sobre el paisajista Stanley Abbot y su diseño de un camino por lo inhóspito. "Ah, hubo mucha oposición a la carretera, aquí y en la Skyline. Mi papá solía contarme cómo algunos lugareños amenazaban con sabotear la construcción. Pero siguieron adelante y trasladaron a las familias de las tierras, solo para poder construir una carretera hacia ningún lado para que vengan y disfruten los habitantes del este, eso es lo que él decía".

"Hubo un costo humano por crear esta autopista, solo para que yo y muchos otros pudieran conducir por ella. Fue hace mucho tiempo, quizás, pero aquellos que aún habitan en la montaña agradecen que reconozcamos que no fue algo construido de la nada."

 

Se obligó a la gente de la montaña a comprar el terreno si podían demostrar que eran dueños y, si no, los desalojaban. Había historias de diputados arrastrando mujeres y niños a los gritos y casas prendidas fuego mientras llegaban los examinadores. Los granjeros se quejaron, ya que la prohibición del tráfico comercial se aplicaba a sus vehículos agrícolas, indicativo de cómo las necesidades de los lugareños fueron secundarias a las de los futuros turistas. Para que la opinión pública esté de su lado, las fuentes del gobierno generalmente describían a los habitantes en términos despectivos. Como un informe publicó: "[Son]... familias de pueblos ignorantes, de origen anglosajón casi puro, refugiados en cabañas de madera pequeñas, con revoque de barro y sustentados por medio de una agricultura primitiva... sin gobierno municipal, sin religión organizada, poca organización social más amplia que la de la familia y el clan, y solo rastros de una industria organizada". Una de esas industrias organizadas era, por supuesto, la del alcohol destilado ilegalmente, que tampoco le gustaba al gobierno.

Las comunidades cercanas temían que los "desplazados", como se los conocía, se llevaran gran parte de la cultura única de Appalachia con ellos en su ida. Pero lugares como Floyd’s Country Store y el Blue Ridge Music Center en Milepost 213 en la Parkway, y artistas locales como Doc Watson, Carter Family, Earl Scruggs y más recientemente Gillian Welch y Alison Krauss (aunque ninguna de los dos es realmente de por aquí) han mantenido viva las tradiciones musicales de la montaña.

"Supongo que a la larga salió bien", dijo Ralph. "Porque si no hubieran hecho el parque, creo que todos los animales grandes y muchos de los árboles se hubiesen extinguido. Probablemente al día de hoy serían todos apartamentos. Pero la gente tiene que saber que había personas viviendo aquí antes de la creación de la carretera, no era una tierra despoblada".

Enterarme de este desalojo forzado no opacó mi disfrute de la carretera, pero de alguna manera lo intensificó. Hubo un costo humano por crear esta autopista, solo para que yo y muchos otros pudieran conducir por ella. Fue hace mucho tiempo, quizás, pero aquellos que aún habitan en la montaña agradecen que reconozcamos que no fue algo construido de la nada. Los sonidos agudos y solitarios que se emitían de la radio a partir de ahí parecían denotar una angustia natural.

Poco después de irme de Floyd atravesé una de las nubes bajas distintivas de la carretera. Era un verdadero desglose de las montañas neblinosas (o al menos una disminución) mientras me desplazaba al sur hacia Asheville, agradecido de que no había camiones Mack retumbando atrás mío, aunque sí pasé varias horas mirando las luces traseras de un motorhome hasta que llegué al desvío hacia Asheville.

Había ido a Asheville muchos años antes, tras los pasos de F. Scott Fitzgerald. Había pasado los veranos de 1935 y 1936 en el gran Grove Park Hotel, un hombre quebrado, azotado por el alcohol y atormentado por pensamientos de su esposa Zelda en el manicomio cercano (donde moriría en un incendio en 1948, ocho años después de que su esposo perdiera la vida por un paro cardíaco). En esa ocasión, Asheville parecía como si le hubiesen arrancado el corazón, con un centro desolado y depresivo. En la actualidad, es una próspera mezcla de cafeterías, tiendas de antigüedades, restaurantes familiares, bares con música en vivo y uno de los mejores lugares a lo largo del camino para pasar unos días.

La Parkway termina en la entrada del Parque Nacional de las Grandes Montañas Humeantes de Tennessee, que verdaderamente tienen una niebla humeante debido a los químicos orgánicos volátiles que se filtran de la vegetación. Es un mundo completamente distinto allí dentro, con ecosistemas y vida vegetal únicos, pero mi viaje había finalizado. Giré al este y me dirigí hacia el aeropuerto en Charlotte, Carolina del Norte, de vuelta a la realidad de hamburguesas Big Mac y grandes camiones Mack, con el sonido de violines y lamentos desvaneciéndose en cada milla.

Photography:

The Blue Ridge Parkway - Kamoteus

Cowee Mountain Overlook - Mountain Photo Gallery

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