Sí, quiero: casarse en la Ciudad del Pecado

Belinda Jones condujo por el desierto desde Los Ángeles hasta Las Vegas para pronunciar esas dos palabritas.

Belinda Jones

Periodista convertida en escritora de once novelas escapistas y una comedia de viaje de la vida real que llegó a los diez primeros puestos del Sunday Times junto con su héroe Bill Bryson.

Twitter: @belindatravels

Sitio web: sunloungerstories.com

Diez años antes de casarme en Las Vegas, navegué por The Strip, tratando de espiar cada capilla, y de conocer desde restaurantes de comida para llevar hasta las glorietas de jardín adornadas con Cupidos regordetes y corazones rosados latentes (ni hablar de algunos lugares que me hacían querer tomar un limpiador y darles a los ramos de novia artificiales una buena higienización). Estaba llevando a cabo una investigación para una novela acerca de dos niñas inglesas que deciden que la Capital de las bodas del mundo sería el mejor lugar para encontrar un marido: con un promedio de 315 intercambios de votos por día, el aire está compuesto prácticamente de un 70 % de oxígeno y un 30 % de confeti.

En la historia, Izzy elige la capilla Graceland y una congregación de "Elvis" en cada encarnación, desde el atuendo con chaqueta dorada lamé hasta el de rayas estilo Jailhouse Rock, mientras que Jamie prefiere la capilla Excalibur’s Canterbury debido a que su novio es un caballero de la atracción de enfrentamiento medieval del hotel, lo que le da el derecho a obtener un descuento de empleado. Pero para mi propia ceremonia necesitaba algo un poco más digno. Mi futuro esposo era un técnico electrónico en la marina estadounidense, prácticamente la antítesis de todas las cosas cursis y con diamantes.

Mi primera impresión de él fue de un "Bebé Obama": modales encantadores y genialmente sofisticado. Que más bien amerita la pregunta: ¿Por qué un casamiento en Las Vegas?

Pero aquí, rodeada de un infinito cielo azul, puedo más que exhalar, puedo estirar mis brazos, deleitarme y admirar la inmensidad de todo y liberar mi interior, ¡vaya!

 

Era la logística ante todo. Por ese entonces, los días de "atrevimiento" de Jonathan eran escasos y requerían del papeleo para enfrentar una oficina jurídica italiana. Casi que no lo había visto el año anterior. Primero, lo habían reubicado en la mayor base marina del mundo en Virginia (3,000 millas [4.8 km] desde mi lugar en Los Ángeles) y luego había pasado los siguientes seis meses luchando contra piratas en Somalia, al igual que tú. Cuando llamó y dijo que tenía un "espacio para la boda" en tan solo una semana, sabía que el único lugar en el que sin dudas tendría una respuesta a tiempo sería en Las Vegas.

No sonaba muy romántico, pero en realidad eso era una ventaja para mí. A pesar de ganarme la vida escribiendo literatura femenina, cualquier cosa relacionada a fantasías de princesas me da náuseas. La otra ventaja era el viaje.

Tengo esta teoría, que me da una satisfacción extra conducir por el desierto porque es muy distinto de mi lugar de residencia. Crecí rodeada de arrayanes altos y calles sinuosas en Devon, Reino Unido, con la sensación de que tenía que respirar hondo cada vez que pasaba un auto. Pero aquí, rodeada de un infinito cielo azul, puedo más que exhalar, puedo estirar mis brazos, deleitarme y admirar la inmensidad de todo y liberar mi interior, "¡vaya!"

"Terracotas polvorientos se convierten en púrpuras borrosos, a veces desvaneciéndose a casi un soplo detrás de una neblina transparente."

Comienza a sentirse como un viaje adecuado a casi una hora de distancia de Los Ángeles, el motor comienza a agobiarse en la elevación de las montañas San Gabriel y los letreros te aconsejan apagar el aire acondicionado para evitar el sobrecalentamiento. Por unos instantes, voy al ritmo de un tren de carga con 60 o más contenedores que parecen pequeños ladrillos Lego resoplando a través de los pliegues y dobleces del paisaje.

Me gusta el hecho de que sea una carretera (I-15) durante las próximas 200 millas (322 km), aunque sí me sumerjo en Ghost Town Road a casi mitad de camino, pasando por alto las plantas rodadoras de Calico para ir a Peggy Sue’s 50s Diner. Aquí se siente más como una atmósfera estilo "fantasma de Elvis" con el exceso de recuerdos retro: Marilyn, Betty Boop, I Love Lucy y un inconexo pero extrañamente atractivo frasco de galletas Spock. Personalmente, creo que las mejores cosas para comer en una cafetería son el desayuno o un pastel. Me siento en el mostrador para pedir una porción de tarta de merengue y limón y, cuando pago, la camarera me entrega la factura: "Lleva esto a la tienda de regalos y te darán un chicle globo o un caramelo". Lo mastico mientras leo atentamente su parque "Diner-saur" y retomo nuevamente la carretera.

¿Sabías que los árboles Joshua solo crecen en el Desierto de Mojave? En ningún otro lado del mundo. ¿Me pregunto si tendrá algo que ver la arenosidad de la tierra aquí? En ocasiones, es como si una franja de asfalto se hubiese extendido hacia una excavación gigante. A la distancia, las montañas se inclinan y cambian de color con los movimientos de las nubes: los terracotas polvorientos se convierten en púrpuras borrosos, a veces desvaneciéndose a casi un soplo detrás de una neblina transparente.

Milla tras milla, no hay otros autos ni letreros ni vida.

Quizás pienses que con todo este tiempo y amplio espacio abierto la mente de una persona podría distraerse y comenzar a cuestionarse el enorme compromiso que está por asumir. Pero, de hecho, encontré la sigilosa e inactiva calidad del paisaje relajante, como si estuviese galopando a través de la pradera en mi vagón.

Quiero casarme con este hombre. Nunca pensé que lo diría, pero así es.

Realizo otra parada rápida en Baker, hogar del mayor termómetro del mundo y del restaurante Mad Greek. No puedo evitarlo. Ofrecen batidos de baclavá.

Tan solo me queda una hora en este momento. Hay una pequeña provocación de neón en forma de Primm con sus tres casinos y tambaleante montaña rusa. Luego, un letrero del Centro penitenciario de Sandy Valley. ¡Increíble! Incluso aquí los prisioneros obtienen neón, turretas y un bufé. Oh. Fue mi error, ese es el casino Gold Strike, solo al costado de la autopista.

En un mundo ideal, haría el último tramo mientras el cielo se vuelve rosado al anochecer y luego tomaría The Strip con el neón en toda su efervescencia en contraste con el cielo negro.

Pero hoy es diferente. Hoy, no estoy aquí para beber enormes margaritas y maravillarme con el último espectáculo del Cirque du Soleil.

Su vuelo debe estar llegando en este momento…

La Little Church of the West es la capilla más antigua de Las Vegas, construida en 1942 y tan auténticamente pintoresca que se la ha incluido en el Registro nacional de lugares históricos. Está afuera de The Strip, más cerca del resplandeciente oro del Mandalay Bay (donde nos hospedaremos) pero en vez del cling-cling-cling de las máquinas tragamonedas en verdad puedes escuchar el piar de los pájaros. Está fabricada de madera en su totalidad: paneles de madera, púlpito de madera, bancos de iglesia de madera para solo 50 personas. Minimalista pero encantadora. Judy Garland se casó aquí. También Shirley Bassey, Telly Savalas y Richard Gere. Incluso Angelina Jolie (con Billy Bob Thornton). También es la capilla donde Elvis se casó con Ann-Margret en Viva Las Vegas, que es lo más emblemático.

Creo que la suposición más común acerca de una boda en Las Vegas es que no parecerá legítima, sino más bien una escena de una película, pero en el momento en el que un ministro honesto nos da la bienvenida, sé que esto es real. Mi mejor amiga Emily nos está viendo por Skype en pijamas desde el Reino Unido, mi iPhone está ubicado correctamente para que nos pueda ver y cuando nos declaran marido y mujer a Jonathan y a mí, ella grita de emoción. Al igual que yo.

Después de las fotos y una copa de Perrier Jouet para brindar, cenamos en lo alto de la Torre Eiffel mirando desde arriba las fuentes del Bellagio. Y luego me dormí en el taxi de regreso al hotel, todo a cuatro minutos de distancia.

La mañana siguiente tenía que llevar a mi nuevo marido al aeropuerto. Se siente surrealista compartir un momento tan mágico y hablar de transitar la vida juntos hasta la muerte. Estoy aturdida mientras conduzco de regreso a Los Ángeles. ¿Realmente sucedió? ¿Realmente me convertí en su mujer?

Y luego el sol desaparece y mis ojos se alejan del paisaje desierto y se posan en el volante, donde los diamantes en mi mano izquierda titilan, deslumbrantes y resplandecientes.

Entonces no fue un sueño.

Me entusiasmé al darme cuenta que ahora tengo un nuevo viaje que planificar: cruzar ocho estados para llegar a mi nuevo hogar en Virginia.

Fotografía:

Lead image - Adrian C.

I-15 - Andre Manoel

Little Church of the West - Steve Moses

Bellagio Fountain - Nan Palmero

 

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